Como integrantes del grupo lingüístico y cultural de los Guaraní, los Carios eran un pueblo sumamente religioso. Expresan sus manifestaciones religiosas en forma colectiva con el “jeroky-ñembo´e” (danza-oración) y en forma individual mediante el sueño. Ambas manifestaciones se contemplaban y materializaban con la bebida de la chicha pequeña “Kagui mir í” y la gran chicha “Kagui vusu” preparadas en la batea o “jary ña´e”. Con estas ceremonias los Carios entraban en contacto con los entes divinos, los que bajaban a la tierra y mediante los sueños, eran los Carios los que se trasladaban a la morada de éstos.
Los chamanes o hechiceros “Ñande Ru” manifestaban sus revelaciones a través del sueño, las que eran transmitidas por “Hi´apu guazú” o “Tupa” o por algún pariente o chamán fallecido.
Los Guaraní-Carios practicaban la antropofagia como ritual religioso. Lo hacían para vengar a los espíritus de sus parientes muertos por sus enemigos. Para los Carios, “el nexo de la sociedad era la venganza… la unión de lo que fue y lo que será, los muertos del pasado y los vivos del futuro”.
Cada “tekoha” contaba con un “Consejo de Ancianos” que se ocupaba de los asuntos relativos a la marcha del “tekoha” y un jefe cuya autoridad en tiempo de guerra se volvía casi absoluta, no así en épocas de paz. Este se imponía coercitivamente a su gente, quien aceptaba su mando a cambio de contraprestaciones de servicio que recibía de él. La generosidad era un requisito indispensable para mantener su poder y prestigio. Debía estar atento a los reclamos del pueblo, de lo contrario su gente podría abandonarlo y buscar otro jefe.
Los “Ñande Ru” o chamanes se imponían por sus poderes mágicos y en muchas ocasiones desplazaban al jefe hereditario o “te ýi-ru”.
Tomado del libro “San Lorenzo del Campo Grande Memoria Histórica” de Margarita Durán Estragó

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